Tenía tantas ganas de verle, no imagináis cuánto tiempo llevaba esperando ese momento. Recuerdo que caía la noche cuando recibí su llamada. “Ya casi estoy allí“, me decía. Es imposible explicar con palabras cómo me sentía en esos momentos, así como contar todos los nervios que llevaba dentro de mí.

Me sentía extraña, iba a verte por fin, después de tantas horas pegados al teléfono, y tantas noches sin dormir. Por fin llegó, salió de aquel taxi y se echó a correr hacia mi. Segundos después estaba a su lado, ¡entre sus brazos!.

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