corazones– No sé qué le pasa doctor. No come, apenas duerme, le cuesta muchísimo concentrarse, se queda embobada mirando por la ventana cuando llueve, y no habla con nadie. No pronuncia palabra.
Los psicólogos dicen que no tiene ninguna clase de patología depresiva ni nada, que el hecho de que no quiera hablar es fruto de su decisión y no de ninguna enfermedad. Hemos ido a los mejores neurólogos, médicos, psicólogos… Hasta hemos ido a hacerle una visita a sus familiares, que viven fuera de la ciudad y hacía mucho que no pasábamos tiempo con ellos. Sé que ella los extrañaba, pero no habíamos tenido algo de tiempo hasta ahora.
Yo estoy muy ocupado con el trabajo, y no puedo prestarle toda la atención que querría. Quiero quitarme este embrollo de la cabeza lo antes posible, me entristece verla así. Pero mis obligaciones son mis obligaciones y no puedo dejarlas de lado.
Y bien doctor, ¿qué cree usted que es lo que le pasa?
– Creo que está claro. No es necesario que visite los mejores médicos o especialistas, no es necesario que se deje un dineral en averiguar qué le pasa. Hace tiempo que podría haber evitado todo esto si le hubiera prestado algo más de atención.
– No le entiendo, ¿qué quiere decir?
– Lo que le quiero decir, es que está sana. Todos esos médicos tenían razón al decirle que no tenía ninguna clase de enfermedad.
– Pero ella está mal. Ya se lo he dicho, apenas prueba bocado, no quiere hablar con nadie, ni tan siquiera conmigo. Disculpe que ponga en duda su palabra, pero creo que está confundido doctor, como el resto…
– Se lo repito, su problema no se puede solucionar con ninguna clase de medicamento. Pero tranquilo, no lo quiero asustar. Sí tiene cura.
– ¿Y bien?
– Necesita una dosis de usted.
– ¿Cómo dice?
– Necesita que vuelva a pasar tiempo con ella. Que la mime, que la quiera, que la lleve a pasear por el parque, que le acaricie el pelo cuando esté nerviosa y que sepa escucharla. No es demasiado complicado, lo ha hecho toda su vida, no le costará volver a hacerlo.
– ¿Pero?
– Vaya a casa con ella, prepárele una buena taza de chocolate caliente, y siéntense en el sofá a ver una película juntos, de esas que lleva tiempo pidiéndole que vean. Escúchela un poco más, hágase cómplice de sus errores, enamórese de sus defectos y no de sus virtudes. Vuelva a ser el mismo chico del que ella se enamoró.
Aquí tiene su receta. Es un medicamento que no se encuentra en farmacias, pero créame, funciona.

One Respuesta to “Dosis de amor”
  1. y!Maravilhosa relfexao! O amor de Deus e inexplicavel. Durante milhares de anos tem alcancado pecadores em todo o mundo e ainda alcancara todos quanto o aceitarem.E ponto final! Um abraco!

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