El olvido

Cuantas veces pedí que no me buscaras, que dejases de perturbar mi sueño con tu recuerdo, que tu voz fuera como el triste eco que se apaga en la distancia… Saqué las garras y me aferré en ese mañana donde no aparecías. Inmensa en la idea de extinguir esa llama que indudablemente seguía dentro de mí, deseando tapar el sol con un mísero dedo te desterré de mi nuevo paraíso construido con esa nueva persona por la cual creía sentir. Entregada al placer de vivir, una de tantas noches en las que celebraba haberte olvidado logré reconocer que es tan corto el amor y tan largo el olvido… me supo amarga la última copa.

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