Desde que desapareciste

Las luces se apagaban, nada brillaba en la ciudad. Hacía frío, y en mi mente no dejabas de rondar.

Mi cara se llenó de lágrimas cuando la noticia me hicieron llegar; jamás te volvería a ver, y no podía hacer más que llorar.

Horas después volví a casa e intenté desconectar, y entre juegos de amor y canciones románticas cualquiera lo podía superar.

Los días pasaban y noche tras noche, las luces se volvían a apagar, recordaba con coraje ese momento, en el que de ti me tenía que alejar.

Ahora nada brilla en mi, ni mis ojos, ni mi alma, ni una pizca de mi ser. Desde que desapareciste, no hago más que entristecer.

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